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¿Qué tanto estamos contribuyendo al desarrollo de la I.A?

Desde que los smartphones son parte de nuestra vida diaria, en encuestas, artículos y programas de opinión es cada vez más común escuchar a las personas decir “no puedo salir de casa sin mi smartphone”, porque se ha convertido en un accesorio imprescindible que nos dice cómo, cuándo y en dónde encontrar las cosas que necesitamos, casi sin tener que hacer ningún esfuerzo.

inteligencia artificial
Ex Machina. Universal Pictures 2015

Más allá de ser un dispositivo de conexión con nuestros seres queridos, los teléfonos inteligentes se han convertido en una ventana eternamente disponible a nuestra vida diaria, pues los usamos para un poco de todo: desde cosas tan complejas como hacer una investigación, como cosas tan sencillas como hacer una suma. Si hay algo que nuestro teléfono inteligente no pueda hacer, se crea una aplicación para lograrlo, y hay aplicaciones para dar y prestar, aplicaciones que para instalarse piden acceso a herramientas del dispositivo que no entendemos para qué quieren, pero aun así se lo damos.

IA

Muy bonitas, estas aplicaciones, nos dicen en dónde estamos, cómo llegar, qué nos queda cerca, etc., a cambio de acceso remoto a nuestros mensajes, micrófono, cámara, contactos, otras aplicaciones, ubicación, espacio de almacenamiento, fotos, SMS… y todo eso es consumo y producción de datos. ¿Datos? Sí, datos, a dónde van, para qué sirven, qué dicen de nosotros y cuáles son sus aplicaciones, es algo que hoy les invito a descifrar conmigo.

Big data

Empecemos definiendo lo que es el big data. Se les denomina así a los datos que, a través de aplicaciones, buscadores, subidas de información personal a la nube, pláticas, live streamings, etc., producimos diariamente, a cada segundo, en cantidades inconmensurables. Estos datos se le entregan a diferentes empresas para que hagan con ellos lo que más les funcione: campañas de marketing, perfilación para ciertos productos y, para algunos otros es la puerta de entrada al conocimiento completo, detallado y en tiempo real de nuestros usos y costumbres, información que los desarrolladores de Inteligencia Artificial, utilizan como referencia para nutrirla.

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Horas de conexión, lo que preferimos buscar, lo que nos gusta ver dependiendo del dispositivo que utilizamos, qué palabras usamos más para hacer búsquedas, qué plataformas son nuestras favoritas… esta big data está siendo almacenada de manera que pueda ser contabilizada, interpretada y utilizada para diferentes fines y, uno de ellos es desarrollar en las máquinas esta habilidad de aprender de experiencias y resolver problemas por sí mismas, es decir, sin necesidad de ser programadas por la mano humana.

La Inteligencia Artificial no es “cosa del futuro”

Aún muchas personas se niegan a aceptar que la I.A. está ya entre nosotros, porque nos parece bien normal que una máquina, desde nuestro celular u otros dispositivos, nos hable de tú y sepa qué es lo que nos gusta hacer, en dónde estamos y a dónde vamos a ir, poco nos detenemos a pensar en que Siri, Cortana y Google Assistant, que ya quiere conquistar todos los sistemas operativos,  están recopilando desde la información que buscamos hasta cómo la buscamos, incluso la entonación y timbre de voz. Si vieron Ex Machina, tal vez su memoria empieza a activarse.

Científicos de la época como Stephen Hawking, tienen por seguro que la Inteligencia Artificial acabará con los humanos, incluso si se utiliza el mentado botón que la Unión Europea hace tiempo pidió que se incluyera en todos los dispositivos que fuesen a desarrollar I.A., pues el riesgo es latente, sin embargo las precauciones son cada vez menores: se nos vende el concepto de una máquina que puede aprender de nosotros como la solución a un sinfín de problemas que podemos resolver solos, pero ¿por qué no dejar que otro lo haga? Eso es evolución, ¿no?

En una entrevista que hizo en conjunto con Stuart Russell, Max Tegmark y Franck Wilczek, Hawking dice:

“Si miramos hacia el futuro, no hay límites a lo que podemos lograr en este campo. No hay ninguna ley física que impida que las partículas en un sistema de Inteligencia Artificial ser re-ordenen a sí mismas para realizar cálculos más complejos de los que somos capaces de hacer los seres humanos. Es perfectamente posible que se produzca un salto radical e inesperado……”

En esta insistencia por crear un mundo más digitalizado, estamos dejando a un lado el concepto de privacidad, que si ya era ambiguo, ahora parece no existir realmente; lo peor es que nosotros entregamos todos esos datos que borran la línea entre lo público y lo privado de manera voluntaria, porque lo más cercano que existe a la discreción -al menos en la época de las redes sociales y el “Internet de las cosas”-, es cambiar a modo “solo amigos” nuestro perfil, e ilusamente quienes no lo ven, son personas que están siendo igual de rastreadas que nosotros.

Bueno, al menos tu ex no sabe que fuiste a Cuernavaca, pero Facebook y sus cien mil aliados comerciales, créeme, lo saben.

Todos somos I.A.

Suena incómodo, pero es real: estamos dándole de desayunar, comer y cenar nuestros datos a la Inteligencia Artificial, y a riesgo de sonar paranoica, puede no ser la mejor de las ideas, pues el aprendiz tiende a superar al maestro y las nuevas tecnologías están aprendiendo muy rápidamente a pensar por sí mismas, ¿desarrollarán conciencia? Según Google, la I.A está lista para reproducirse a sí misma y lo dicen con lágrimas de emoción en los ojos, como incapaces de pensar a posteriori.

Tal vez debamos dejar de pensar que aún falta mucho para que el futuro nos alcance y ser más responsables con la información que compartimos, los accesos que le damos a las aplicaciones y a cambio de qué lo hacemos.

 


Fuentes
https://www.cnet.com
https://angelssolerangles.wordpress.com
http://www.abc.es
http://www.emol.com