Este sitio web utiliza cookies para poder brindarte la mejor experiencia.

Fraude publicitario, la creciente amenaza del mundo digital

Es bien sabido que el internet está plagado de fraudes, virus, malware y demás; el usuario no es el único afectado en esto, las trampas virtuales están afectando ahora a la publicidad y están creciendo de una manera rápida y sin control. Tan solo en el 2017, el fraude publicitario costó 6,500 millones de dólares, según la Asociación Nacional de Anunciantes de Estados Unidos, mientras que se reporta que Google removió 3.1 billones de anuncios en el mismo año por ser fraudulentos.

¿Cómo funciona?

En el núcleo, se trata de robar visitas y clicks a las campañas publicitarias digitales usando bots y páginas de internet falsas para generar información como si fuesen humanos. Las cuatro formas más populares son: pixel stuffing, es cuando insertas un anuncio de 1×1 pixel sobre otro anuncio resultando en un anuncio invisible; ad stacking se le llama a la práctica de sobreponer varios anuncios en el mismo lugar, sólo se ve el de arriba pero todos obtienen impresiones; misidentification se usa para disfrazar sitios de baja calidad como de alta calidad y finalmente; ad injections, esto quiere decir que alguien pone sus anuncios a la fuerza en un sitio que no le ha dado permiso para ello.

Uno de los problemas más grandes es que los culpables vienen desde una sola persona que quiere ganar dinero rápido hasta grandes organizaciones con miles de bots trabajando al mismo tiempo.

¿Cómo se combate?

La primera línea de defensa contra el fraude son las buenas prácticas de anuncios, cosas como la transparencia, la constante revisión, identificar que la información de campaña que nos arroja el sitio. Por ejemplo, si tenemos métricas exageradamente altas, podemos empezar a sospechar de fraude, no siempre es el caso pero más vale prevenir que lamentar. También, el Interactive Advertising Bureau ha lanzado un par de herramientas que serán de mucha ayuda: ads.txt y ads.cert, el primero sirve como un directorio que se guarda en un sitio web donde encontraremos los nombres de los anunciantes que tienen permiso para publicar desde la página; el segundo funciona un poco más complejo al certificar cada uno de los anunciantes por los que pasa una campaña desde el origen hasta el sitio que lo publica asegurándose así de que todo el proceso sea de buena calidad.

La pelea no para aquí, IAB está tratando de enseñar tanto a anunciantes como a sitios web a mantener costumbres que puedan prevenir el fraude, pero no pueden hacerlo solos, es nuestra responsabilidad ayudarnos entre todos a saber cómo combatir de mejor manera a los bots, manteniendo una gran  transparencia con el cliente, revisando a detalle nuestros números y utilizando las herramientas que otros creen para asegurar la protección del ROI y las ganancias tanto de los usuarios como de los anunciantes.


Fuentes
www.elmundo.es
www.iabtechlab.com
www.adweek.com